
<<Caminaba como de costumbre con mi torpe paso por la escuela. Pisé el humedo cesped del Campo de Quidditch producto de la lluvia de la noche anterior. Eran las siete de la mañana, no habia podido aguantar mas y mi cama practicamente ya me rechazaba de tanto que me había movido y revuelto en ella aquella noche, intentando coinciliar un sueño insatisfecho. Sin remedio alguno, me levanté de la cama, tratando de no hacer demasiado ruido. Los de mi clase no tenían buen humor por la mañana. Ya sabía lo que iba a hacer esa mañana, y se me hacia muy dificil aguantar un instante más allí tumbado después de tantas horas y sin conseguir dormir. ¡Casi podría jurar que se me habían dormido las piernas al tratar de alzarme!>>
Vestía aquella chaqueta especial... ¡Y tan especial! Se la había mandado expresamente su madre porque sabía que Thomas era lo más torpe que había puesto Dios sobre la faz de la tierra. La primera y última vez que había tratado de volar en escoba, se había abierto la cabeza y le habían puesto varios puntos. Aquella chaqueta iba a prebenirle un buen golpe contra el suelo, esta vez iba con provisiones. También llevaba el casco que su primo le había ofrecido después de una buena carcajada, a Thomas no le gustaba ir así, más bien le avergonzaba, por eso se había levantado tan temprano, no quería que nadie viera lo pésimo volador que era y el desastre de vestimenta que tenía . En su mente se cuestionaba si sería lo suficientemente habil como para poder controlar una escoba de ese calibre..
se encaminó con paso rápido y firme al centro del campo. Montó la escoba, y dando una suave patada, tal y como se lo habían enseñado desde primer año, comenzó a elevarse con una lentitud que el ego de Thomas no esperaba."¿¡Pero qué le pasa a esta escoba!?"
Pensó El joven de cabellos rubios, él cual creía ingenuamente, que al sólo elevarse, la saeta de inmediato partiría a una rápida velocidad, mucho mayor a la de la Nimbus, pese a que no supiera volar, Thomas era un amante de la velocidad. Frunció el ceño extrañado, y trató de acelerar el paso de su escoba. Tal vez, como era nueva, y nadie la había montado antes, partía primero con lentitud, y después iba a una sorprendente velocidad.
Pero no sucedió así, ¡ni siquiera se acercó a las expectativas de Thomas! Pasados los diez minutos de vuelo, ya cuando daba sólo su segunda vuelta alrededor de los tres aros, a causa de la lentitud de la escoba, no había aumentado su velocidad ni un mísero segundo por hora. Las mejillas del muchacho comenzaron a enrojecer, pero no por calor o frío, sino que de enojo y vergüenza ¿Tan malo era conduciendo una escoba que no sabía acelerarla?. Estaba casi convenzido de que no era él el culpable. Apostaba a que era un problema de la escoba, pero se equivocaba. Soltó un par de groserías, y trató nuevamente de aumentar la velocidad de su escoba, bajó de su ya bajísima y escasa velocidad.-Algo debe estar mal…- Masculló en su aterceplielado y dulce tono normal. Tenía una capacidad envidiable de aparentar estar sereno sobre todas las cituaciones. Y aquello era una gran cualidad que llevaba a sus oponentes en una discusión a la locura.
Revisó el mango de la escoba, y se encontró con que no había ningún error. Suspiró.
PESIMO VOLADOR.
¡N E V E R L A N D!

